Leyendas cortas El rancho del viejo McKellen

Leyendas cortas El rancho del viejo McKellen

Preguntando por la carretera, llegué a una granja en la que supuestamente vendían animales orgánicos. Lo que sucedía es que mi médico me había aconsejado cambiar mi dieta y me sugirió que, para llegar a mi peso ideal, lo mejor era consumir vegetales y carnes 100% naturales.

El rancho del viejo McKellen era enorme. Kilómetros y kilómetros de pastizal en donde los animales podían andar libremente hasta que les llegara el momento de ir al rastro. Pese a que había oído varias leyendas cortas de que ahí ocurrían cosas extrañas, decidí hablar con el dueño del lugar para ver si llegábamos a un acuerdo comercial.

Mi idea era lograr que el me vendiera carne de pollo a un precio razonable. Me entrevisté con él y su hospitalidad me dejó asombrado. Pronto la noche cayó y el viejo me invitó a cenar.

Su esposa había preparado un poco de pan de maíz y lo acompañarían con leche fresca de vaca. La idea de probar esa hogaza de elote, hizo que aceptara sin chistar.

La cena fue de lo más agradable. Después, McKellen me dijo que, si quería “estirar las piernas”, a lo que yo asentí con la cabeza.

Salimos al patio trasero y me dijo:

– Espérame aquí. Voy por mis habanos.

Aguardé pacientemente hasta que comencé a oír ruidos extraños que provenían de otra zona de la granja. Era como si las vacas quisieran huir a toda costa, pero que al mismo tiempo estuvieran atrapadas en el corral.

Me oculté detrás de unos costales de alimento y me quedé profundamente dormido. Desperté por la mañana y vi que muchos animales habían muerto de una forma terrible. Desafortunadamente, lo mismo le ocurrió al viejo McKellen y a toda su familia, de los cuales sólo quedaron un puñado de huesos y jirones de ropa.